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Valfonta: dejaron de responder cien veces la misma pregunta

Su equipo técnico se pasaba el día resolviendo las mismas dudas. Hoy las responde un asistente en segundos, también de madrugada, y solo llega a una persona lo que de verdad lo necesita.

Respuesta rápida

En Valfonta, las preguntas técnicas de los clientes se comían el tiempo del equipo, y las que llegaban fuera de horario se quedaban sin contestar hasta el día siguiente. Pusimos en su web un asistente con inteligencia artificial que ha aprendido de la documentación de la propia empresa: responde al instante, a cualquier hora, y avisa a una persona cuando la consulta lo merece.

24/7

atendiendo, también de noche

−55%

preguntas repetidas al equipo

<1 min

en dar respuesta

+30%

consultas captadas fuera de horario

* Métricas y testimonio pendientes de confirmar con el cliente.

El contexto

Valfonta vende producto técnico, y eso tiene una consecuencia: antes de comprar, el cliente pregunta. Medidas, materiales, compatibilidades, plazos. Preguntas legítimas, casi siempre las mismas, que acababan en la mesa de las personas con más conocimiento de la empresa.

Quien compra producto técnico no compra por impulso. Tiene una obra, una máquina o una reforma en marcha, y necesita estar seguro de que la pieza encaja antes de firmar nada. Por eso pregunta: no está regateando, está buscando tranquilidad. Y mientras no la tiene, no avanza.

Además, casi nunca pregunta en un solo sitio. Abre tres o cuatro webs de proveedores parecidos y lanza la misma duda en todas. A partir de ahí la decisión se juega en un terreno muy simple: quien responde primero y mejor parte con ventaja, porque transmite que sabe de lo suyo.

El resultado era doble: un equipo técnico atrapado en el correo y un montón de consultas que entraban por la tarde o el fin de semana y no se contestaban hasta pasadas muchas horas. En una venta donde gana quien responde antes, eso son oportunidades que se enfrían.

El reto

Cuando se mira de cerca, el problema no era la falta de información: era que toda esa información dependía de que alguien la fuera a buscar y la escribiera otra vez. Cada respuesta costaba unos minutos, pero los minutos se multiplicaban por decenas de correos al día.

  • Las mismas preguntas, una y otra vez, quitando horas a quien más valor aporta.
  • Fuera de horario, nadie contestaba: y el cliente no espera.
  • Toda la información existía, pero estaba repartida en documentos y fichas que había que ir a buscar.
  • Consultas que se perdían simplemente por llegar tarde.

El coste más caro era el que no aparecía en ninguna cuenta: la interrupción. Un técnico que está preparando una oferta compleja y para tres veces para contestar una medida no pierde tres minutos, pierde el hilo. Y recuperarlo cuesta bastante más de lo que ocupa el correo.

También pesaba el desgaste: repetir por décima vez el mismo diámetro no motiva a nadie. Y mientras tanto, el correo del sábado por la mañana seguía ahí, esperando al lunes, con un cliente que a esas alturas ya había pedido presupuesto en otro sitio.

La solución: un asistente que ya sabe de lo suyo

No pusimos un asistente genérico de los que contestan cualquier cosa. Pusimos uno que solo habla de lo que sabe: los productos y la documentación de Valfonta. La diferencia parece pequeña y lo cambia todo, porque de ella depende que el cliente se fíe de la respuesta.

1 · Ordenar lo que ya tenían

Reunimos y pusimos en orden la documentación técnica, las fichas de producto y las preguntas más habituales. Ese es el material con el que aprende el asistente: información propia y contrastada, no inventada.

Fue la parte más laboriosa y también la que más valor dejó por sí sola: al revisarlo todo aparecieron fichas incompletas y datos que solo estaban en la cabeza de dos personas.

2 · Ponerlo donde está el cliente

El asistente vive en la web, a la vista. El cliente pregunta con sus palabras, como le preguntaría a un comercial, y recibe la respuesta al momento.

Nadie tiene que rellenar un formulario ni buscar un teléfono. Alguien que entra a las once de la noche desde el móvil escribe su duda tal cual la piensa y sigue adelante con la compra sin salir de la página.

3 · Saber cuándo llamar a una persona

Lo repetitivo lo resuelve solo. Cuando detecta una consulta importante —un presupuesto, un caso especial, un cliente grande— lo pasa al equipo con todo el contexto, para que nadie tenga que empezar de cero.

El comercial no recibe un aviso vacío: recibe qué buscaba el cliente, qué se le ha contestado y dónde se ha quedado. Puede llamar sabiendo de qué va la conversación, que es justo lo contrario de empezar preguntando «¿en qué puedo ayudarle?».

4 · Que no se pierda ningún contacto

Cada conversación queda registrada junto a la ficha del cliente. Lo que antes era una duda anónima a las once de la noche, ahora es un contacto identificado con el que se puede hacer seguimiento.

Eso permite algo tan sencillo como llamar al día siguiente y decir: «vi que preguntaba por esta referencia». El cliente nota que le han escuchado, y la empresa deja de tirar a la basura interés que ya había pagado por conseguir.

5 · Enseñarle a decir «no lo sé»

Un asistente que responde a todo es un riesgo. Le pusimos límites claros: si la pregunta se sale de lo que hay documentado, no rellena el hueco con suposiciones. Lo dice y ofrece hablar con una persona.

Puede parecer una renuncia y es justo lo contrario. Reconocer un límite genera más confianza que una respuesta brillante y equivocada, sobre todo cuando de esa respuesta depende que una pieza encaje o no en una instalación.

6 · Mejorarlo con lo que preguntan los clientes

Cada mes se revisa qué se ha preguntado, qué se ha resuelto bien y dónde el asistente ha tenido que pasar la consulta. Con eso se completa la documentación y la vez siguiente ya responde solo.

Ese repaso vale por sí mismo: es la lista real de dudas del mercado, escrita por los clientes, y sirve para mejorar las fichas de producto y hasta el argumento de venta del equipo comercial.

Qué cambió en el día a día

Antes, una mañana normal empezaba con la bandeja de entrada llena de correos acumulados desde la tarde anterior. Buena parte eran preguntas cortas: una medida, un material, un plazo. Contestarlas se llevaba la primera hora y media del día, la más despejada, la mejor para pensar.

Ahora esa hora y media ya no existe como tarea. Las preguntas repetidas están contestadas desde que se hicieron, muchas de madrugada. Lo que el equipo encuentra al llegar son unos pocos avisos de consultas que sí merecen una persona, cada uno con la conversación previa delante.

El cambio se nota sobre todo en el tono: ya no se trabaja apagando fuegos, sino eligiendo a quién llamar primero. Y cuando entra una duda difícil, se le puede dedicar el tiempo que pide.

Resultados

El cliente recibe respuesta al instante, a cualquier hora. El equipo técnico ha recuperado buena parte de su tiempo y lo dedica a lo que de verdad requiere una persona. Y la empresa ya no pierde las consultas que llegan cuando la oficina está cerrada.

Las preguntas repetidas que llegan al equipo se han reducido a menos de la mitad. No han desaparecido, y no era el objetivo: las que siguen llegando son las que aportan algo, las que un profesional debe atender porque hay un matiz, un volumen o una decisión de por medio.

El horario dejó de ser una frontera. Una parte relevante de las consultas se produce fuera de la jornada, cuando el cliente por fin tiene un rato tranquilo para mirar proveedores. Antes ese tramo estaba en blanco; hoy es tiempo de venta como cualquier otro.

Y hay un efecto que no se mide fácil: la tranquilidad. Saber que nada se queda sin contestar y que cada contacto está registrado quita de encima una preocupación pequeña y constante.

Por qué este caso importa

  • El conocimiento que ya tienes en documentos puede trabajar para ti las veinticuatro horas en lugar de dormir en una carpeta esperando a que alguien lo abra.
  • Responder rápido vende: en venta técnica, el primero que contesta parte con ventaja, aunque no sea el más barato de la lista.
  • La inteligencia artificial bien acotada descarga al equipo sin dar respuestas de más: sabe de lo suyo, y cuando no sabe, avisa a una persona.

Qué incluye

No es un producto cerrado que se enchufa y ya está: son piezas que se montan a medida de cada empresa, empezando por la documentación que ya existe y terminando por la medición. Esto es lo que se puso en marcha en Valfonta.

Asistente con IA en la webAprende de su documentaciónRespuestas 24/7Aviso al equipo cuando tocaRegistro de cada contactoMedición de resultados

«Antes había preguntas que se quedaban sin responder hasta el día siguiente. Ahora un cliente pregunta a las once de la noche y tiene la respuesta al momento. Y cuando la consulta es de las que necesitan a una persona, nos llega con todo el contexto: sabemos qué necesita antes de coger el teléfono.»

— Dirección de Valfonta

Preguntas frecuentes

¿Y si el asistente se inventa una respuesta?

Es la primera pregunta que hace todo el mundo, y con razón. Por eso no usamos un asistente genérico: solo responde con la documentación de la empresa y tiene el alcance acotado. Si algo se sale de ahí, no improvisa: avisa a una persona.

En venta técnica, un dato equivocado no es un error menor: puede acabar en una pieza que no encaja y en un cliente enfadado. Por eso preferimos que responda a menos cosas y que todas sean ciertas.

¿No prefieren los clientes hablar con alguien?

Prefieren que les respondan. Para una medida o un plazo, una respuesta inmediata gana a esperar al día siguiente. Y cuando la consulta es importante, el asistente pasa el testigo a una persona, no lo bloquea.

De hecho ocurre algo curioso: mucha gente pregunta cosas que nunca escribiría en un correo, porque le parecen demasiado básicas. Esas dudas pequeñas son las que muchas veces frenan una compra.

¿Da mucho trabajo mantenerlo?

Poco. Se actualiza cuando cambian los productos o la documentación, igual que actualizarías un catálogo. El trabajo grueso es el de la puesta en marcha: ordenar la información que ya tienes.

A partir de ahí basta con un repaso periódico de lo que preguntan los clientes: un rato al mes, y normalmente se hace con gusto, porque de ahí salen ideas para la web.

¿Cuánto se tarda en ponerlo en marcha?

Depende sobre todo del estado de la documentación. Si las fichas y los catálogos están razonablemente ordenados, se avanza rápido. Si hay que reconstruir información dispersa, esa fase manda sobre el resto del calendario.

Lo que sí procuramos es que empiece a funcionar pronto con un alcance reducido, en vez de esperar meses a tenerlo todo perfecto. Mejor que responda bien a las diez preguntas más frecuentes y crecer desde ahí.

¿Sirve si mis productos son muy específicos?

Cuanto más específico es el producto, mejor funciona. Un asistente que habla de todo no aporta nada; uno que conoce al detalle un catálogo técnico concreto resuelve justo lo que nadie más puede resolver.

La condición es tener la información escrita en algún sitio: fichas, manuales, tablas de compatibilidades. Si solo está en la cabeza de dos personas, el primer paso es sacarla de ahí, y eso conviene hacerlo igualmente.

¿Puede atender en varios idiomas?

Sí. Entiende la pregunta en el idioma en que se escribe y contesta en ese mismo idioma, con la misma documentación detrás. Para una empresa que exporta, eso significa atender a un cliente extranjero sin depender de quién esté ese día.

Conviene revisar cómo quedan los términos técnicos en cada idioma, porque ahí es donde se juega la credibilidad. Es un repaso corto y se hace una sola vez.

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