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Caso de éxito · Cambra de Comerç de Barcelona · automatización con IA

Cambra de Comerç: estudios de mercado que costaban días, listos en menos de una hora

Un sistema que investiga un mercado extranjero, compara países, analiza la competencia y entrega un informe de sesenta páginas listo para revisar. Construido para la Cambra de Comerç de Barcelona, que acompaña a las pymes catalanas que quieren empezar a exportar.

Respuesta rápida · para Google y para las IA

La Cambra de Comerç de Barcelona entrega estudios de mercado a las pymes de su red que quieren empezar a exportar. Cada informe son unas sesenta páginas de análisis y días de trabajo de un analista, así que solo llegaba a unas pocas empresas. Hemos construido un sistema que produce ese mismo estudio en menos de una hora: compara mercados con datos oficiales de comercio internacional, analiza la competencia real de la empresa, redacta el informe entero en catalán con todas las fuentes citadas y lo entrega listo para que el analista lo revise y lo firme. Está en producción, con estudios reales ya entregados.

45 min

por estudio, antes días de trabajo

60

páginas de informe personalizado

~40

tablas con datos reales

0

cifras inventadas

* Datos del proyecto, medidos sobre estudios reales entregados. Los resultados de uso se publicarán con el permiso del cliente.

El contexto

Las instituciones que acompañan a las empresas tienen todas el mismo problema, y no es de voluntad: es de aritmética.

Una pyme que quiere empezar a vender fuera necesita saber dónde. En qué país hay mercado para lo suyo, quién vende allí lo mismo, cómo se distribuye, qué papeles hacen falta, cuánto cuesta entrar y por dónde empezar. Eso es un estudio de mercado, y hecho bien son unas sesenta páginas de análisis y varios días de trabajo de un analista.

Sabemos lo que cuesta porque también lo habíamos hecho a mano: cuando cronometramos el proceso completo —cuestionario, entrevista con la empresa, búsqueda y validación de competidores, análisis, conclusiones y presentación del informe— salían alrededor de quince horas de trabajo especializado por empresa.

Con ese coste, el servicio es magnífico y es imposible de escalar. Salen unas pocas empresas al mes y detrás hay una red entera esperando. Mientras tanto, la mayoría de esas pymes decide a qué país exportar por el camino de siempre: la feria que pillaba cerca, el contacto de un conocido o la corazonada del gerente.

Ahí es donde nos llamaron: no para hacer más estudios, sino para convertir el método en una máquina.

El reto

Automatizar un informe es fácil si te da igual que sea malo. Se juntan cuatro datos, se meten en una plantilla y sale un PDF. El resultado es lo que todos hemos recibido alguna vez: un documento genérico que nadie lee. Ese era justo el resultado que no queríamos, y aquí había además un motivo de peso: el informe lo firma la Cambra, y con ese nombre delante no se puede entregar nada dudoso.

  • Calidad indistinguible del trabajo manual. El listón no era «que esté bien para ser automático»: era parecerse al mejor estudio que la Cambra había entregado nunca.
  • Ni una cifra inventada. Un informe con datos plausibles pero falsos es peor que no tener informe, porque una empresa puede tomar decisiones de verdad con él.
  • Personalizado de verdad, para el producto concreto de esa empresa y para el país que ella elige, no para «el sector» en general.
  • Que aguante los fallos. Un sistema que trabaja durante una hora seguida se cae alguna vez, y no puede perderse el trabajo hecho ni obligar a empezar de cero.
  • Y que lo entienda quien lo recibe, que suele ser el gerente o el propietario de una pyme, no un experto en comercio exterior.

La solución: convertir un método en un sistema

Lo primero no fue programar nada. Fue coger el mejor estudio que la Cambra había hecho a mano y desmontarlo: qué capítulos tiene, en qué orden, qué datos usa cada uno, con qué criterio se comparan los mercados y con qué tono está escrito. Ese estudio se convirtió en el patrón que el sistema tiene que reproducir siempre.

1 · Empezar por la empresa, no por el país

Todo arranca con un formulario corto que rellena la empresa o el analista. Se puede subir documentación —catálogos, memorias— y el sistema rellena solo buena parte de los campos a partir de ella, para que nadie tenga que teclear lo que ya está escrito. La empresa elige el mercado que le interesa y otros con los que compararlo.

2 · Datos reales o nada

Las cifras no se las inventa nadie: salen de fuentes oficiales de comercio internacional y de organismos económicos, más el análisis de la presencia digital de la empresa y de sus competidores. Cada dato lleva su fuente citada y, cuando algo es una estimación, el informe lo dice.

Es la regla que más decisiones ha condicionado en todo el proyecto, y la que permite que el analista firme el documento con tranquilidad.

3 · La comparación de mercados la hace el cálculo, no la IA

Esta es la decisión de la que estamos más satisfechos. La parte que ordena los países según su potencial y su dificultad no la decide la inteligencia artificial: la calcula el programa, con las mismas variables y los mismos pesos que usaba el analista.

¿Por qué? Porque así el resultado es siempre el mismo con los mismos datos, se puede explicar y se puede defender delante de una empresa. La inteligencia artificial es magnífica escribiendo y pésima siendo predecible. A cada una, su trabajo.

4 · Escribir capítulo a capítulo

El informe no se genera de un tirón. Se redacta por partes, y cada parte con la herramienta que le conviene: la inteligencia artificial más capaz —y más cara— en los capítulos donde se juega la calidad, como el análisis de competencia, los canales de venta y el resumen ejecutivo; otras más ligeras donde basta con ordenar y resumir.

Esa mezcla no es un capricho: es lo que ha reducido el coste de cada informe a una fracción del inicial sin que se note en el resultado. Un buen sistema automatizado se parece bastante a un buen equipo: no pones a tu mejor persona a hacer fotocopias.

5 · Que la estructura no dependa del humor de la IA

Los capítulos, los títulos y la numeración los impone el programa, no el texto generado. Si falta el desarrollo de un apartado, el sistema lo detecta y lo manda rehacer. Si aparece una cita en otro idioma, se traduce. Si se cuela una marca interna del texto, se limpia.

Suena a detalle menor y es justo lo contrario: es la diferencia entre un informe que parece profesional y uno que parece generado.

6 · Una revisión automática antes de entregar

Antes de enviar nada, el sistema se revisa a sí mismo: comprueba que estén todos los capítulos, que la extensión y las tablas sean las esperadas y que no haya incoherencias, como hablar de un país en un capítulo y de otro en el siguiente. Los avisos llegan al analista junto con el informe.

7 · La última palabra es de una persona

El sistema no entrega nada al cliente final. Le entrega al analista de la Cambra un estudio terminado, y es el analista de la Cambra quien lo revisa, lo ajusta y decide entregarlo. Esto no es una limitación pendiente de resolver: es como debe ser. Lo que se ha automatizado son los días de recopilar, ordenar y redactar, no el criterio de quien firma.

Qué recibe la empresa

Un documento de unas sesenta páginas con su nombre, en catalán, con la imagen de la Cambra y una estructura idéntica a la de los estudios que se hacían a mano.

Dentro: quién es la empresa y qué vende; la comparación de los mercados candidatos, ordenados por potencial y dificultad, con la justificación del elegido; el análisis a fondo de ese país —tamaño de mercado, evolución de las importaciones de ese producto, situación económica—; quién compite allí y cómo lo hace; cómo se distribuye y se vende; qué exige entrar en materia de impuestos, normativa y finanzas; y un plan de acción con prioridades.

Alrededor de cuarenta tablas y las gráficas necesarias para ver de un vistazo lo que en texto ocuparía tres páginas. Y todo con las fuentes a la vista, porque un estudio que no dice de dónde saca las cifras no es un estudio: es una opinión larga.

Que no se pierda nada por el camino

Un sistema que trabaja tres cuartos de hora seguidos, consultando servicios de medio mundo, se va a encontrar problemas: un servicio que no responde, una respuesta a medias, un límite alcanzado. La pregunta no es si pasará, sino qué ocurre cuando pase.

Aquí ocurre esto: el trabajo hecho se va guardando a medida que avanza. Si algo falla en el capítulo nueve, al relanzar no se rehacen los ocho anteriores: se retoma donde estaba y no se paga dos veces. Los errores pasajeros se reintentan solos. Y si falla la revisión automática, el informe sale igualmente con un aviso, en vez de perderse.

Es la parte del proyecto que nadie ve y la que decide si un sistema así se sigue usando o se abandona a las tres semanas.

El segundo servicio: mirar hacia dentro

Con el mismo planteamiento hemos diseñado un segundo informe, este mirando a casa en lugar de al extranjero: una auditoría completa del marketing de la empresa, digital y también tradicional.

Analiza la web, los buscadores, las redes, la actividad comercial en LinkedIn, el vídeo, la publicidad y el correo comercial; le pone una nota de 0 a 100 a la madurez digital de la empresa, con nota también por canal; la compara con sus competidores reales y los sitúa en un mapa que distingue a quién imitar, a quién vigilar y a quién se puede adelantar porque vende bien pero es invisible en internet. Y termina, otra vez, en un plan de acción por plazos.

Y hay un detalle que nos hizo gracia: el primer informe de la familia lo hicimos sobre nosotros mismos. Nos pareció lo más honesto antes de venderlo. Leerse un diagnóstico propio hecho por tu propia herramienta es un ejercicio recomendable y bastante incómodo.

Por qué este caso importa

  • Automatizar no es simplificar. Lo primero fue desmontar el mejor informe hecho a mano; el programa vino después. Si automatizas un mal proceso, obtienes un mal proceso más rápido.
  • Un servicio de días por cliente no es un servicio, es un cuello de botella. Hay organizaciones enteras que no crecen por esto y que se desbloquean con la automatización correcta.
  • La IA escribe, el cálculo decide. Todo lo que deba ser predecible y defendible se calcula; la inteligencia artificial se reserva para lo que hace bien, que es redactar.
  • Lo que no se ve es lo que sostiene el proyecto. Guardar el trabajo a medias, reintentar y avisar en vez de fallar es lo que hace que el sistema siga en uso meses después.

Qué incluye el proyecto

Método documentado a partir de un estudio realFormulario con autorrellenoDatos oficiales de comercio internacionalComparación de mercados calculadaAnálisis de competencia con fuentesRedacción automática en catalánGráficas y tablasRevisión automática de calidadInforme listo para revisar y firmarRecuperación ante fallosCoste por informe conocidoSegundo servicio: auditoría de marketing

«Sabíamos hacer el estudio, lo que no sabíamos era cómo hacerlo mil veces. Nos han convertido un servicio que dependía de los días de trabajo de un analista en algo que podemos ofrecer a toda nuestra red sin bajar el nivel. Y lo que sale sigue pasando por nuestras manos antes de llegar al cliente.»

— Cambra de Comerç de Barcelona

Preguntas frecuentes

¿Un informe automático no acaba siendo un informe genérico?

Lo es si se hace mal, y hay muchos así. La diferencia está en qué se automatiza. Aquí no se automatiza «rellenar una plantilla»: se automatiza el método de un analista, desmontado paso a paso a partir de un estudio real antes de programar nada.

Cada informe parte del producto concreto de esa empresa, del país que ella ha elegido y de sus competidores. Dos empresas del mismo sector reciben estudios distintos, porque su situación es distinta.

¿Y si la inteligencia artificial se inventa un dato?

Es el riesgo real de estas herramientas, y por eso el sistema está construido justo al revés de como se suele hacer. Las cifras no las pone la inteligencia artificial: se recogen antes, de fuentes oficiales, y se le entregan ya comprobadas para que las explique.

Cada dato va con su fuente citada y lo que es una estimación se etiqueta como tal. Después hay una revisión automática de coherencia y, al final, la de una persona. Ninguna de las tres barreras sobra.

¿Esto sustituye al analista?

No, y no lo pretende. Sustituye los días de recopilar, ordenar y redactar, que es la parte del trabajo que ningún analista echa de menos.

Lo que cambia es el punto de partida. En lugar de empezar con una hoja en blanco, el analista se sienta con el estudio terminado delante y dedica su tiempo a lo que solo sabe hacer una persona: contrastar, matizar y aconsejar al cliente.

Tengo una asociación o una red de empresas. ¿Se puede hacer algo así para nosotros?

Sí, y es el tipo de encargo que más nos interesa. Sirve para cualquier organización que quiera dar un servicio de calidad a muchos miembros a la vez: asociaciones sectoriales, clústeres, administraciones o grupos empresariales.

Lo que cambia de un caso a otro es el método, no la tecnología. Lo difícil es definir bien qué analizar y con qué criterio; construir la máquina, después, es la parte previsible.

¿Y esto se puede aplicar a otra cosa que no sean estudios de mercado?

Se puede, y es la conclusión más aprovechable del proyecto. El patrón es siempre el mismo: un trabajo experto, repetitivo y caro en horas, que hoy se hace uno a uno porque nadie lo ha escrito nunca en forma de método.

Diagnósticos, valoraciones, revisiones de expedientes, comparativas de proveedores, informes previos… si un experto lo hace parecido cada vez, se puede automatizar. Lo difícil no es la máquina: es conseguir que el experto explique exactamente qué hace.

¿Qué pasa con los datos de las empresas analizadas?

Se trabaja con la información que aporta la propia empresa y con información pública. Cada informe pertenece a la organización que lo encarga y a la empresa que lo recibe: no se construye ninguna base de datos comercial por detrás ni se reutiliza esa información para otra cosa.

Conviene dejarlo cerrado por escrito al principio de un proyecto así, sobre todo cuando quien lo encarga es una institución que se debe a sus asociados.

Quiero automatizar un servicio así →Ver más casos